Lastest Making Money Ideas News

Kasa-Jizo : Nikko, Tochigi, Japan / Japón
Making Money Ideas

Image by Lost in Japan. Perdido en Japón
Estatuas de Jizo en Nikko, Japan / Japón・日本・日光市・憾満ガ淵・笠地蔵
jizo / statues / buddhist / ancient / snow

Erase una vez un abuelito y una abuelita que vivían solos en una casa a las afueras del pueblo. El abuelito se ganaba la vida haciendo sombreros de paja y aunque eran muy pobres se sentían felices juntos. Un día, en nochevieja, la anciana le dijo a su marido. "Abuelo, ¡mañana es Año Nuevo! ¡Me gustaría comer algo bueno para celebrarlo!"

"¿Eso quieres? Bien, entonces hagamos algunos sombreros para que pueda ir al pueblo a venderlos y conseguir dinero para comprar mochi (pastelito de arroz japonés)"

A ella le pareció bien la idea y entre los dos hicieron cinco sombreros que el anciano cogió junto al suyo propio para emprender el camino hasta el pueblo, bastante lejos de allí. Durante el trayecto, el hombre pasó junto a seis estatuas de piedra de Jizo así que paró un momento para ofrecerles una breve plegaria: "Ojizo-sama, ¡gracias por todo!"

El pueblo estaba muy concurrido, con decenas de puestos vendiendo cualquier cosa que uno podría imaginar y un montón de gente, la mayoría ebrios de sake, celebrando el Año Nuevo por adelantado. El anciano empezó a pregonar: "¡Sombreros de paja! ¡Bonitos sombreros de paja! ¿Quién quiere un sombrero?" y aunque insistió durante todo el día, nadie quería comprar uno.

Ya de noche, mientras regresaba a casa sin dinero para comprar el mochi, se desató una tormenta de nieve. El viento era gélido y soplaba muy fuerte, haciendo que el pobre abuelito avanzase con dificultad mientras cruzaba los campos cubiertos de nieve.

De repente se fijó en las seis estatuas de Jizo junto a las que había pasado esa misma mañana y se detuvo de nuevo para ofrecerles una plegaria de agradecimiento. Las estatuas tenían las cabezas cubiertas de nieve y el viejecito, que tenía buen corazón, pensó que los pobres Jizo debían tener frío. Les quitó la nieve y recordando los sombreros que no había podido vender empezó a ponérselos uno tras otro diciendo: "Solamente son unos sombreros de paja pero, por favor, acéptenlos…"

Pero solo tenia cinco sombreros y los Jizo eran seis. Al faltarle uno, el viejecito decidió darle su propio sombrero al último Jizo. "Aquí tiene. Discúlpeme por darle uno tan viejo pero este sombrero le mantendrá calentito."

El abuelito llegó a casa cubierto de nieve y cuando la abuelita le vio así, sin sombrero ni nada, exclamó "Pero abuelo, ¡qué te ha ocurrido! ¡Tienes que estar congelado!". El le explicó que no había podido vender los sombreros, de lo triste que se sintió al ver esos Jizo cubiertos de nieve, y de como tuvo que darle también su propio sombrero al ser seis. Al oír esto, la abuelita se alegró de tener un marido tan cariñoso:

“Hiciste bien. Aunque seamos pobres, tenemos una casita caliente y ellos no.”

El abuelito se sentó junto al fuego mientras la abuelita preparaba un poco de arroz y unos vegetales en vinagre para cenar y se fueron a cama tempranito. A media noche, los dos ancianos se despertaron por el sonido de alguien cantando. Primero, las voces sonaban lejanas, pero se hacían cada vez más claras mientras cantaban: "El anciano es tan amable y agradable. ¡Gracias por los sombreros abuelo!"

Cuando las voces se encontraban ya frente a su casa, los dos ancianos salieron de la cama y se dirigieron a la puerta de su dormitorio. A medida que se acercaban, escucharon un ruido grande, como algo pesado golpeando contra el suelo. Después de unos minutos, abrieron la puerta con cuidado, y menuda sorpresa se llevaron. ¡El suelo estaba cubierto paquetes y más paquetes de comida llenos de arroz, vino, mochi, decoraciones para el Año Nuevo, mantas y quimonos muy abrigados y un montón de cosas más!

Rápidamente salieron fuera para descubrir quién les había traído todo esto y en la distancia alcanzaron a ver a los seis Jizo alejándose con los sombreros que el abuelito les había regalado. "¡Muchísimas gracias!" les gritaron y luego entraron para disfrutar de la gran comida y celebrar un próspero Año Nuevo.

¡Gracias a Myrmardan por hablarme de esta historia!

···························································································································

A long time ago there was an old man and an old woman living alone together. They didn’t have any money, but were happy. One day, on the last day of the year, the old woman told the old man, "Grandpa, tomorrow is New Years Day! I want something good to eat!"

"Is that so?" He replied. "Then lets make some kasa, grandma, and I’ll sell them in town to make us money for mochi (japanese rice cake)."

She agreed with his idea and so they made 5 kasa for him to sell. As soon as they finished, he put on his own kasa and set out for town. On the way there, he passed six stone Jizo statues. He paused and offered a brief prayer-"Ojizo-sama, thank you for everything!"-then continued on his way to town.

It was very busy in town. There were many, many stalls selling everything one might imagine. And there were tons of people, most of them drunk on sake, celebrating the New Year early. The old man called out, "Kasa! Kasa for sale! Does anyone want to buy a kasa!" He called out for a long time, but no one wanted to buy one.

That evening, as he returned home, a snow storm started. There was very strong, cold wind, and tons of snow. The wind was very powerful and the old man had a hard time walking through the snow. But he pushed on.

He soon came to the six stone Jizo statues he had passed eariler on his way to town. Again, he stopped to offer a prayer of thanks, but first seeing that they were covered in snow, went to clean them. Wiping the snow from their heads, he noticed how cold they were. Remembering his five unsold kasa, he decided to use them to cover the Jizos’ heads. But there were six Jizo and only five kasa. He thought about this problem for a moment, then decided to donate his own kasa to the sixth Jizo.

"There you go," he explained to them. "These kasa will keep you warm."

Grandpa arrived home covered with snow and when grandma saw him, without a hat, his wife exclaimed. "My, you are covered in snow! You must be cold." asked him what happened. He told her that he hadn’t been able to sell the hats, because he felt so sad watching the little Jizos covered with snow, that he had to give them his own hat because they were six in total. When grandma heard the story, she felt so happy about having such a kind husband:

"You did well. Even though we are poor, we have a warm house and they don’t."

Around midnight they were awoken by a loud sound, like something being dragged through the snow outside. "What’s that? Is someone outside?" The old man and woman asked each other. They listened closer and then heard singing. "The old man is so kind and nice. Thank you for the kasa, grandpa."

The voices were coming from in front of their house. The old man and old woman crept out of their beds and went to their bedroom door. As they approached it, there was a large sound, like something big hitting the ground. After a few minutes, they carefully opened the door. The ground was covered with food!

They quickly ran outside and off in the distance they could see 6 Jizo with 6 kasa on their heads walking away. "Thank you very very much" They called. Then they went in and had a great meal. It was a very good New Years.

Pulsa L para ver sobre negro / Hit L to see on black

Pulsa F para marcar como favorita / Hit F to fave